Caputo en el stream oficialista Carajo CAPTURA VIDEO

Caputo habló en el streaming Carajo y dió su versión del porqué de la situación económica en Argentina

En medio de señales preocupantes de la actividad económica, el ministro de Economía habló de “mucha volatilidad” y ensayó una particular explicación: mencionó los paros, el Mundial y hasta la próxima visita del Papa como factores que alteran los indicadores. También endureció el discurso electoral y prometió “arrancarle la cabeza” al peronismo en las urnas.

Luis Caputo volvió a explicar los problemas de la economía argentina mirando más allá del Palacio de Hacienda. Esta vez, a la lista de factores que, según el ministro, ayudan a entender los malos indicadores se sumó un protagonista inesperado: el Papa.

Durante una entrevista concedida al streaming oficialista Carajo, el titular de Economía reconoció que existe “mucha volatilidad” y buscó relativizar las señales negativas que viene mostrando la actividad. En ese contexto enumeró una serie de acontecimientos que, de acuerdo con su interpretación, alteraron el comportamiento normal de la economía: “los paros, el Mundial y ahora que viene el Papa”.

La frase rápidamente ganó terreno en la discusión política. No solamente por lo curioso de colocar una visita papal entre las variables capaces de afectar las estadísticas económicas, sino porque llegó en momentos en que algunos indicadores comienzan a exhibir las dificultades que enfrenta el programa económico del Gobierno.

Cuando la explicación viene de afuera

La argumentación de Caputo vuelve sobre una característica que acompañó buena parte del discurso económico oficial: atribuir los tropiezos del programa a circunstancias extraordinarias o externas.

En esta oportunidad, el ministro sostuvo que determinados acontecimientos modifican los patrones de consumo y actividad y producen distorsiones que después aparecen reflejadas en las estadísticas.

El problema para el Gobierno es que detrás de esa volatilidad existen datos que difícilmente puedan explicarse solamente por cuestiones coyunturales. La producción automotriz, por ejemplo, acumulaba en octubre una caída del 16,9 por ciento durante 2026, según consignaba la información económica publicada este martes.

A eso se agrega una economía atravesada por las dificultades de distintos sectores productivos, la discusión sobre el nivel del consumo y una apertura importadora que genera crecientes cuestionamientos desde la industria nacional.

El interrogante, entonces, es cuánto de la desaceleración puede atribuirse a acontecimientos excepcionales y cuánto responde a las consecuencias del propio modelo económico.

Del ajuste al relato de la recuperación

Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, Caputo defendió el ajuste fiscal como condición indispensable para estabilizar la macroeconomía. El Gobierno construyó buena parte de su capital político alrededor del equilibrio de las cuentas públicas y la desaceleración inflacionaria.

Pero una vez conseguida esa primera etapa, apareció un desafío bastante más complejo: transformar la estabilidad fiscal en crecimiento sostenido, recuperación del empleo y mejora de los ingresos.

Allí comienzan las dificultades.

Porque el equilibrio de las cuentas del Estado no garantiza automáticamente que las fábricas produzcan más, que los comercios vendan más o que las familias recuperen capacidad de consumo. Y es precisamente en ese terreno donde las explicaciones oficiales empiezan a encontrar mayores resistencias.

La discusión dejó de ser solamente cuánto bajó la inflación. Ahora también gira alrededor de cuánto produce la economía, cuánto venden las empresas, qué ocurre con los puestos de trabajo y cuánto alcanza el salario cuando llega fin de mes.

El Papa, inesperado protagonista económico

La referencia de Caputo a la próxima visita papal introdujo además un componente político particular.

La llegada del pontífice viene generando expectativas que exceden largamente el terreno religioso. La Iglesia mantiene diferencias con el Gobierno en asuntos sociales sensibles y el propio Ejecutivo intenta recomponer vínculos antes de la visita. De hecho, representantes del Episcopado fueron convocados para discutir políticas vinculadas con discapacidad en medio de las tensiones existentes entre la Casa Rosada y sectores eclesiales.

Que el ministro haya incluido ahora la visita del Papa entre los acontecimientos capaces de alterar los indicadores económicos agregó inevitablemente una cuota de polémica.

Caputo también entró en campaña

La entrevista, sin embargo, no quedó limitada a cuestiones económicas.

Caputo decidió meterse de lleno en la disputa electoral y utilizó una expresión de alto voltaje político: aseguró que el oficialismo va a “arrancarle la cabeza” al peronismo en las elecciones.

La frase muestra hasta qué punto el ministro dejó atrás el perfil exclusivamente técnico con el que alguna vez buscó presentarse para transformarse en una de las voces políticas centrales del proyecto libertario.

Economía y elecciones aparecen así cada vez más entrelazadas.

Para el Gobierno, sostener la expectativa de recuperación resulta fundamental no sólo para defender su programa sino también para conservar competitividad electoral. Para la oposición, en cambio, los problemas de la actividad constituyen la evidencia de que el ajuste encontró sus límites.

La economía real, el examen que no admite excusas

El Gobierno consiguió durante buena parte de su gestión imponer el déficit fiscal y la inflación como las variables principales para evaluar el rumbo económico. Pero el escenario empieza a exigir otras respuestas.

La actividad industrial, el consumo, el empleo, los salarios y la situación de las pequeñas y medianas empresas empiezan a ocupar un lugar cada vez mayor en la discusión pública.

Es allí donde las explicaciones coyunturales encuentran su límite.

Los paros pueden modificar una estadística mensual. Un Mundial puede cambiar temporalmente determinados hábitos de consumo. Incluso un acontecimiento extraordinario como una visita papal puede alterar durante algunos días la actividad de determinadas ciudades.

Pero ninguna de esas circunstancias alcanza, por sí sola, para explicar los problemas estructurales de una economía.

Caputo eligió hablar de volatilidad. Y mientras el ministro suma acontecimientos excepcionales a sus explicaciones, el desafío del Gobierno permanece exactamente en el mismo lugar: demostrar que detrás del orden fiscal existe una economía capaz de crecer, producir, generar empleo y recuperar los ingresos de los argentinos.

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