POLÍTICA NACIONAL | DÍA DE LA LEALTAD | RUMBO A 2027
A 81 años de la histórica movilización obrera del 17 de octubre de 1945, el justicialismo vuelve a encontrarse con sus propias contradicciones. Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa representan distintas estrategias de poder, mientras el movimiento intenta resolver quién conducirá la oposición a Javier Milei. Con actos separados y una unidad que todavía parece lejana, la discusión ya no es solamente quién será candidato en 2027, sino qué proyecto político podrá volver a representar a las mayorías populares.
El peronismo tiene una particular manera de celebrar sus fechas históricas: recuerda la unidad mientras discute cómo alcanzarla. Este 17 de octubre no será la excepción. A 81 años de aquella multitud que ocupó la Plaza de Mayo para exigir la libertad de Juan Domingo Perón, el movimiento que nació de esa jornada vuelve a debatirse entre liderazgos enfrentados, ambiciones presidenciales y una pregunta que atraviesa cada conversación política: ¿qué significa ser leal en el peronismo del siglo XXI?
La respuesta depende de quién la pronuncie.
Para el kirchnerismo, la lealtad tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. Para Axel Kicillof, significa sostener las banderas históricas del movimiento sin renunciar a construir una conducción propia. Sergio Massa, mientras tanto, observa el tablero con la paciencia de quien sabe que, en política, muchas veces termina siendo indispensable aquel que consigue sentar a conversar a los que dejaron de hablarse.
El resultado es una celebración fragmentada, con distintas convocatorias que también funcionarán como demostraciones de fuerza de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Cristina, la lealtad y una conducción que no se resigna
En el barrio porteño de Constitución, la calle San José al 1111 volverá a convertirse en un punto de concentración del kirchnerismo. Allí, donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria, La Cámpora y sectores del Partido Justicialista se reunirán para reclamar su libertad y reivindicar su liderazgo político.
La convocatoria está prevista para las 16, después de una actividad del PJ porteño.
Para quienes responden a la expresidenta, no puede discutirse una renovación del movimiento sin reconocer el lugar que ocupó durante las últimas dos décadas. Su condena judicial y la inhabilitación para ejercer cargos públicos agregan una dimensión decisiva al conflicto: el kirchnerismo considera que esas condiciones alteran la competencia interna y cuestiona a quienes buscan construir una alternativa mientras Cristina permanece fuera de la disputa electoral.
Mayra Mendoza, una de las dirigentes más identificadas con ese sector, resumió el clima político con una frase: "Prefiero que me critiquen por ser leal antes que por desagradecida".
La expresión revela algo más profundo que una defensa personal. Para una parte importante del peronismo, Cristina continúa siendo la referencia política de un ciclo de ampliación de derechos, recuperación salarial, inclusión social y protagonismo estatal.
Pero también aparece una contradicción difícil de resolver: ¿cómo preservar un liderazgo histórico sin impedir que surjan nuevas figuras capaces de ampliar la representación electoral?
Kicillof y la apuesta por un peronismo que mire hacia adelante
A varios kilómetros de Constitución, en González Catán, Axel Kicillof encabezará su propia celebración.
El gobernador bonaerense será el único orador del encuentro organizado en el polideportivo Juan Domingo Perón, acompañado por la vicegobernadora Verónica Magario, el intendente Fernando Espinoza y dirigentes vinculados al Movimiento Derecho al Futuro.
La convocatoria comenzará a las 15 y tendrá una lectura política inevitable: Kicillof busca consolidar su proyección nacional y mostrar que dispone de una estructura territorial capaz de sostener una candidatura presidencial.
Su planteo es tan sencillo de formular como complejo de ejecutar: reivindicar los gobiernos de Perón, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, pero construir una propuesta adaptada a las demandas actuales.
Desde su entorno rechazan que esa búsqueda implique una traición. Por el contrario, sostienen que la lealtad al peronismo debe expresarse en la capacidad de ofrecer una alternativa de gobierno, no en la subordinación permanente a una conducción.
El problema es que una parte del kirchnerismo interpreta ese movimiento como un intento de quedarse con la identidad política construida por Cristina, pero prescindiendo de su liderazgo.
Y allí aparece el verdadero corazón de la disputa: no se discute únicamente una candidatura. Se discute quién tiene legitimidad para representar la continuidad histórica del peronismo y, al mismo tiempo, conducir su renovación.
Máximo Kirchner, Massa y los otros movimientos del tablero
Mientras Cristina concentra la atención del kirchnerismo porteño y Kicillof prepara su demostración de fuerza bonaerense, Máximo Kirchner eligió otro escenario: la provincia del Chaco.
El diputado nacional participará de una actividad en Resistencia junto al exgobernador Jorge Capitanich. La decisión forma parte de una estrategia de expansión territorial de La Cámpora y de construcción de acuerdos con dirigentes provinciales.
Sergio Massa, en cambio, mantiene un perfil más reservado. Sin participación confirmada en los actos centrales, el referente del Frente Renovador busca conservar capacidad de negociación frente a los distintos sectores.
En paralelo, un grupo de intendentes bonaerenses intenta construir puentes entre las facciones enfrentadas. La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, será anfitriona de otro encuentro político, en una jornada que exhibirá la diversidad de espacios y las dificultades para construir una convocatoria común.
Milei, el adversario que no alcanza para unirlos
La paradoja del momento político es evidente.
El peronismo comparte fuertes cuestionamientos a las políticas económicas, sociales y laborales del gobierno de Javier Milei. Sus dirigentes coinciden en denunciar las consecuencias del ajuste, el deterioro de los ingresos y el debilitamiento de distintas funciones del Estado.
Sin embargo, ese diagnóstico compartido todavía no alcanza para construir una estrategia electoral unificada.
La discusión sobre la eliminación de las PASO agrega otra dificultad. Sin un mecanismo de competencia interna acordado, la definición de candidaturas podría quedar atrapada en negociaciones entre sectores que desconfían unos de otros.
La posibilidad de una nueva reunión de la conducción justicialista aparece como un intento de ordenar el escenario, aunque todavía no existen garantías de acuerdo.
El riesgo para el peronismo es quedar encerrado en una discusión sobre nombres mientras una parte de la sociedad espera respuestas concretas sobre salarios, empleo, jubilaciones, educación, salud y condiciones de vida.
Porque enfrentar a Milei no significa automáticamente convencer a quienes lo votaron. Y mucho menos recuperar la confianza de aquellos sectores populares que, después de años de frustraciones, dejaron de sentirse representados por las estructuras tradicionales.
El 17 de octubre de 1945 y la lección que incomoda al presente
Hay una imagen que atraviesa ocho décadas de historia argentina: miles de trabajadores llegando desde los barrios industriales del conurbano bonaerense hasta la Plaza de Mayo para reclamar la libertad de Perón.
Aquella jornada no fue solamente una movilización en defensa de un dirigente. Fue la irrupción de una nueva identidad política, construida alrededor del reconocimiento social de trabajadores que reclamaban protagonismo en las decisiones nacionales.
El 17 de octubre de 1945 terminó convirtiéndose en el acontecimiento fundacional del peronismo porque expresó una relación entre liderazgo, organización popular y demandas sociales.
Ochenta y un años después, esa historia plantea un interrogante incómodo para quienes disputan la conducción del movimiento.
¿La lealtad consiste en acompañar incondicionalmente a un dirigente o en sostener las ideas y los intereses sociales que dieron origen al peronismo?
No es una pregunta menor. De su respuesta dependerá buena parte de la reconstrucción política del justicialismo.
La unidad no se declama: se construye
El peronismo llega a este nuevo Día de la Lealtad con dirigentes que conservan poder territorial, organizaciones militantes, representación sindical y capacidad de movilización. Pero también con dificultades para procesar sus diferencias y transformar ese capital político en una propuesta común.
Cristina representa una historia que una parte importante de la militancia considera irrenunciable. Kicillof encarna la posibilidad de proyectar una nueva etapa. Massa apuesta a conservar su lugar como articulador. Los gobernadores e intendentes, por su parte, buscan preservar sus territorios y ampliar su influencia.
Ninguna de esas aspiraciones resulta incompatible por naturaleza. El problema aparece cuando cada sector interpreta su propia supervivencia política como condición indispensable para la existencia del conjunto.
La historia del justicialismo demuestra que las disputas internas no son una novedad. Lo verdaderamente decisivo es cómo se resuelven y qué capacidad tiene el movimiento para volver a conectarse con las demandas de la sociedad.
A un año de las elecciones presidenciales, el desafío parece menos relacionado con encontrar una figura salvadora que con reconstruir un proyecto político capaz de recuperar expectativas de futuro.
Porque el peronismo puede llenar plazas, multiplicar actos y repetir hasta el cansancio la palabra lealtad. Pero si no consigue transformar esa identidad en una alternativa concreta para millones de argentinos, corre el riesgo de celebrar su historia mientras otros escriben su futuro.
Y acaso esa sea la gran contradicción de este 17 de octubre: un movimiento nacido de una multitud que salió a la calle para cambiar la historia todavía no logra ponerse de acuerdo sobre cómo volver a hacerlo.