Uruguay despidió a Rubén Rada entre tambores, emoción y memoria

Uruguay despidió a Rubén Rada entre tambores, emoción y memoria

Una multitud salió a las calles de Montevideo para despedir a una de las figuras fundamentales de la música popular uruguaya. El candombe, los tambores y las canciones acompañaron el último adiós al “Negro” Rada, fallecido a los 83 años. El Palacio Legislativo recibió a cientos de personas, mientras artistas y referentes de la cultura se sumaron al homenaje.

Montevideo despidió a Rubén Rada como había vivido: con música, con tambores y con la calle como escenario. La muerte del artista, ocurrida el miércoles 26 de agosto a los 83 años, provocó una movilización popular que atravesó los barrios y convirtió el dolor en una celebración colectiva de su legado. 

Durante la noche, las calles de los barrios Sur y Palermo —territorios históricos del candombe montevideano— se llenaron de personas que llevaron sus tambores para rendir homenaje al músico. La convocatoria surgió espontáneamente y creció rápidamente, con participantes de distintas generaciones. 

No fue una despedida silenciosa. Fue, precisamente, lo contrario.

Fueron los tambores los que hablaron.

El último adiós en el Palacio Legislativo

El Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo se transformó este jueves en el centro de una despedida multitudinaria. Desde las primeras horas se formaron largas filas de personas que esperaron para acercarse al féretro y darle el último adiós a uno de los artistas más queridos de Uruguay. (Prensa Latina)

El velatorio público se desarrolló entre las 14 y las 21, con la presencia de familiares, músicos, autoridades y ciudadanos anónimos. Sobre el féretro fue colocado el pabellón nacional, en una escena cargada de simbolismo para un artista que convirtió buena parte de la identidad musical uruguaya en patrimonio regional. 

El gobierno de Yamandú Orsi decretó duelo oficial por la muerte del músico, una decisión que reflejó la dimensión que Rada había alcanzado dentro de la cultura nacional. 

Un músico que convirtió el candombe en lenguaje universal

Rubén Rada no fue solamente un cantante.

Fue compositor, percusionista, intérprete y uno de los grandes responsables de llevar el candombe hacia nuevos territorios musicales. Su trayectoria atravesó el rock, el jazz, la música brasileña, el tango y la canción popular sin abandonar nunca la raíz afro-uruguaya que marcó su identidad artística.

Desde sus primeros años en las comparsas de carnaval hasta sus experiencias con agrupaciones fundamentales como El Kinto, Tótem y OPA, Rada participó de una transformación decisiva de la música rioplatense. 

Su música consiguió algo poco frecuente: ser profundamente uruguaya y, al mismo tiempo, universal.

Por eso su influencia cruzó el Río de la Plata y llegó a distintas generaciones de músicos y oyentes argentinos.

La calle como escenario

Quizás el homenaje más significativo haya sido el que ocurrió lejos de los escenarios oficiales.

En las calles de Montevideo, la gente tomó los tambores y volvió a poner el candombe en movimiento. El homenaje espontáneo en Isla de Flores y Minas reunió a vecinos, músicos y seguidores que llegaron para tocar y compartir una despedida que rápidamente se convirtió en una celebración popular. 

En esas calles estaba, de alguna manera, el origen de todo.

El candombe nació como expresión comunitaria y atravesó generaciones hasta convertirse en uno de los símbolos culturales más reconocibles de Uruguay. Rada lo llevó a otros escenarios, lo mezcló con nuevos sonidos y lo convirtió en una herramienta de creación permanente.

Por eso despedirlo con tambores tuvo algo de inevitable.

Un artista querido a ambos lados del río

La dimensión de Rada también pudo verse en la cantidad de figuras de la cultura argentina y uruguaya que participaron del homenaje. Entre quienes se acercaron estuvieron León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, además de referentes políticos y culturales como Lucía Topolansky. 

Su trayectoria había construido puentes mucho antes de que su muerte provocara esta movilización.

Rada pertenecía a Uruguay, pero también formaba parte de esa cultura rioplatense que no reconoce fronteras definitivas. Sus canciones, su humor y su manera de entender la música encontraron un público argentino que lo incorporó como propio.

Ese vínculo explica buena parte de la emoción que atravesó la despedida.

Una vida marcada por la música

Rada nació en Montevideo en 1943 y comenzó su recorrido artístico desde muy joven. Su historia estuvo atravesada por el carnaval, el candombe y la experimentación musical.

A lo largo de las décadas construyó una obra que desbordó las etiquetas. Fue capaz de moverse entre distintos géneros sin perder una voz propia y convirtió la percusión en uno de los elementos centrales de su identidad.

También recibió importantes reconocimientos internacionales. En 2011 obtuvo el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, una distinción que reconoció una trayectoria que ya era inseparable de la historia musical uruguaya. 

Pero quizá ningún premio pueda explicar lo ocurrido en Montevideo.

Porque una cosa es ser reconocido por la industria.

Otra, mucho más difícil, es conseguir que un pueblo salga a la calle para despedirte tocando las canciones que acompañaron su propia historia.

El último tambor

La muerte de Rubén Rada deja un vacío difícil de llenar. No solamente porque desaparece un músico extraordinario, sino porque se va uno de esos artistas capaces de convertirse en parte de la identidad de un país.

Montevideo lo despidió con lágrimas, flores y silencio frente al féretro.

Pero también con tambores.

Y quizás allí esté la mejor síntesis de su legado.

Rada no necesitaba una despedida solemne. Su música siempre había pertenecido a la gente, a los barrios, al carnaval, a las calles.

Por eso, cuando llegó la hora del último adiós, Uruguay hizo lo que mejor sabía hacer con él:

sacó los tambores a la calle y convirtió la tristeza en música. 

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