El Parque Arqueológico de Pompeya presentó una reconstrucción en bronce del célebre “Canon de Policleto”, una obra desaparecida de la Antigüedad que fue reconstruida a partir de distintas copias romanas y hallazgos arqueológicos de Pompeya y Herculano. La pieza ya puede contemplarse en la Palestra Grande.
Más de dos mil años después de su creación, una de las obras fundamentales de la escultura griega clásica volvió a tomar forma. El Parque Arqueológico de Pompeya presentó una reconstrucción en bronce del “Canon de Policleto”, una escultura cuyo original se perdió en la Antigüedad y que durante generaciones fue conocida principalmente a través de sus copias romanas.
La nueva pieza fue instalada en la Palestra Grande, el mayor gimnasio de la antigua Pompeya, y representa el resultado de décadas de investigaciones arqueológicas e histórico-artísticas. El objetivo no fue simplemente fabricar una réplica, sino reconstruir, con criterios científicos, una posible imagen de la obra que el escultor griego Policleto creó durante el siglo V antes de Cristo.
El ideal de belleza convertido en escultura
Policleto fue uno de los grandes maestros de la escultura griega clásica. Su búsqueda estaba centrada en establecer proporciones matemáticas y anatómicas capaces de representar un modelo ideal del cuerpo humano.
El “Canon” tomó su nombre del tratado perdido que el propio artista habría escrito sobre las proporciones del cuerpo y los principios de la belleza. La estatua representaba a un joven de cuerpo atlético y se convirtió en una referencia para generaciones posteriores de artistas.
La obra original, realizada en bronce, desapareció. Sin embargo, los romanos reprodujeron ampliamente las esculturas de Policleto en mármol, permitiendo que fragmentos de aquella tradición sobrevivieran hasta nuestros días.
Esa circunstancia fue fundamental para el proyecto desarrollado en Pompeya: reconstruir el original perdido a partir de las huellas que dejó en otras obras.
Una reconstrucción hecha con piezas de la historia
Los especialistas utilizaron como referencia principal una copia en mármol encontrada en Pompeya y, para reconstruir la cabeza, recurrieron a un busto de bronce descubierto en la Villa de los Papiros de Herculano.
La combinación de ambas piezas permitió elaborar un nuevo modelo que intenta acercarse al aspecto que pudo haber tenido el original griego.
La elección no fue casual. El territorio alrededor del Vesubio conservó numerosas copias y testimonios de la escultura griega que fueron utilizados por los romanos. Para Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya, estos hallazgos demuestran hasta qué punto el conocimiento del arte griego depende también de la arqueología romana.
La reconstrucción presentada en agosto de 2026 fue realizada después de un extenso proceso de investigación y tomando como punto de partida materiales vinculados con la histórica Fonderia Chiurazzi, una fundición napolitana que conservó durante décadas moldes de importantes esculturas procedentes de Pompeya y Herculano.
El detalle que puede cambiar la interpretación
Uno de los aspectos más llamativos de la nueva reconstrucción está en el objeto que sostiene la figura.
Durante mucho tiempo se consideró que el personaje llevaba una lanza. Sin embargo, investigaciones más recientes plantean que en realidad podría sostener un giavellotto, un arma arrojadiza utilizada en la Antigüedad.
La diferencia no es menor. Durante décadas, el “Canon” fue asociado con el Doríforo, el famoso “portador de lanza” atribuido también a Policleto. Pero el análisis de las fuentes antiguas y de las distintas copias llevó a algunos especialistas a plantear que podrían tratarse de dos obras diferentes.
La nueva reconstrucción incorpora precisamente esa interpretación y presenta al joven con un giavellotto sobre el hombro.
Así, la escultura no solamente recupera una imagen perdida: también abre nuevamente un debate sobre la identidad de una de las obras más influyentes de la historia del arte.
Las esculturas antiguas no eran blancas
Otro de los elementos que distingue a la nueva pieza es su policromía.
La imagen tradicional de la escultura clásica suele asociarse con figuras de mármol blanco y superficies monocromáticas. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas demostraron que muchas esculturas antiguas estaban pintadas y tenían detalles de color.
La reconstrucción del “Canon” recupera esa dimensión. El cuerpo y el cabello fueron tratados con tonalidades oscuras y se incorporó color rojo en los labios. También se utilizaron técnicas destinadas a recrear determinados detalles que pudieron formar parte de la apariencia original.
La intención es devolverle a la obra algo que la tradición posterior había borrado: su apariencia viva y colorida.
Una técnica que atraviesa los siglos
La reconstrucción también recuperó una antigua técnica de fabricación: la fundición a la cera perdida.
El procedimiento consiste en crear primero un modelo de cera, cubrirlo con material refractario, calentar la pieza para eliminar la cera y luego introducir el bronce fundido en el espacio que queda. Una vez enfriado el metal, se retira el molde y se realizan los trabajos de terminación.
Fue una técnica utilizada por los escultores de la Antigüedad y que permitió crear grandes piezas de bronce con un nivel extraordinario de precisión. Los responsables del proyecto decidieron utilizarla nuevamente para acercarse no solamente al aspecto del “Canon”, sino también a la manera en que pudo haber sido producido originalmente.
Pompeya como puente entre Grecia y Roma
La reconstrucción tiene además una lectura histórica más amplia. Pompeya no fue solamente una ciudad romana destruida por la erupción del Vesubio en el año 79. También fue un lugar donde sobrevivieron numerosas huellas de la influencia cultural griega sobre Roma.
Para los investigadores, las copias romanas son una fuente fundamental para intentar comprender cómo eran las esculturas griegas cuyos originales desaparecieron.
La presentación del “Canon” busca justamente poner en evidencia esa relación: la Roma antigua conservó, reprodujo y transformó buena parte del legado artístico griego, y los restos encontrados siglos después permiten reconstruir fragmentos de un patrimonio que parecía definitivamente perdido.
Una obra perdida que vuelve a dialogar con el presente
La nueva escultura representa mucho más que una pieza arqueológica reconstruida. Es también un experimento sobre la manera en que el conocimiento histórico puede recuperar aquello que el tiempo destruyó.
La iniciativa se vincula con la recuperación de los moldes de la antigua Fonderia Chiurazzi, adquirida por el Parque Arqueológico en 2022. La colección conserva más de mil moldes de yeso relacionados con obras de Pompeya y Herculano, y su reutilización busca evitar que ese patrimonio material termine deteriorándose.
El proyecto plantea, de este modo, una paradoja: para conservar el pasado hay que volver a utilizarlo.
En el corazón de Pompeya, donde una erupción volcánica congeló una ciudad romana hace casi dos milenios, una figura de bronce vuelve a ocupar el espacio público. No es el original de Policleto —ese se perdió para siempre—, pero sí una reconstrucción nacida de las pistas que sobrevivieron.
Y allí radica buena parte de su valor: la arqueología no siempre consigue recuperar los objetos desaparecidos, pero puede reconstruir las historias que dejaron detrás.