Este 17 de junio de 2026 se cumplen 50 años de su asesinato a manos de la última dictadura cívico-militar en Mendoza, una fecha que invita a redescubrir una obra diversa que abarcó poesía, narrativa, teatro, ensayo y el denominado "nuevo periodismo".
Un intelectual integral y un faro generacional
Más allá del mito: El crítico Rodolfo Edwards ubica a Urondo al mismo nivel que Rodolfo Walsh como un "intelectual faro". Destaca que vivió varias vidas en una sola y propone leerlo hoy como un clásico literario, rescatando su versatilidad en el cuento, la novela, el ensayo y el periodismo, por encima de la etiqueta de autor meramente antológico.
La unidad entre vida y obra: Para Luciana Del Gizzo, la muerte violenta de Urondo funciona como un eje de lectura inevitable pero orgánico. Desde sus inicios sensoriales en la vanguardia de los años 50 hasta su militancia en los 60 y 70, el autor buscó eliminar la distancia del lenguaje para que su poesía encarnara la vida misma y la realidad política de su tiempo.
Nuevas lecturas y la búsqueda de la palabra justa
Ampliación de su mapa literario: Daniela Gauna señala que las investigaciones más recientes —como las recopilaciones de Obra periodística y Ensayos realizadas por Osvaldo Aguirre— ayudan a desmarcar a Urondo de una lectura exclusivamente militante. Esto permite redescubrir sus vínculos iniciales con el movimiento Poesía Buenos Aires, revistas culturales y su relación con poetas como Juan L. Ortiz.
La puerta de entrada a su universo: Mariana Bonano rescata el valor histórico de su novela Los pasos previos y de su célebre libro testimonial La patria fusilada. Sin embargo, sugiere a los nuevos lectores adentrarse en poemarios clave como Nombres (1963) y Del otro lado (1967), que representan su máxima apuesta estética por alcanzar la "palabra justa".
La madurez lírica y la "palabra justa"
Evolución estética: Sus primeros textos se centraron en la experimentación formal y el descubrimiento sensorial. Con el tiempo, su obra mutó hacia una poesía directa, coloquial, tensa y urgente.
Libros clave: Sus poemarios Nombres (1963) y Del otro lado (1967) son considerados por los especialistas como las cumbre de su producción lírica. En ellos se observa su obsesión por alcanzar una dicción limpia, que redujera las mediaciones del lenguaje para que la palabra encarnara la experiencia viva del sujeto.
Unidad conceptual: Para Urondo, la poesía y la política compartían el mismo terreno. La famosa frase que condensa su pensamiento ético resume esta unión: "Empuñé un arma porque busco la palabra justa".
El nuevo periodismo: La patria fusilada (1973)
El origen del libro: En 1973, mientras se encontraba detenido por razones políticas en la cárcel de Villa Devoto, compartió pabellón con María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar. Ellos eran los tres únicos sobrevivientes de la Masacre de Trelew, el fusilamiento de 19 presos políticos perpetrado por la Armada en agosto de 1972.
El método: Utilizando un grabador oculto, Urondo registró minuciosamente el testimonio directo de los tres militantes. Esas entrevistas clandestinas dieron forma a La patria fusilada, una obra cumbre del periodismo narrativo latinoamericano que desarmó la versión oficial de los hechos.
Legado crítico: Investigaciones y recopilaciones posteriores de su Obra periodística (coordinadas por el especialista Osvaldo Aguirre) revelan que Urondo fue también un brillante columnista de medios icónicos como La Opinión, Crisis y el diario Noticias, donde analizaba desde debates culturales hasta el rol de los medios en los procesos históricos.
Destino familiar: Su pareja, Alicia Raboy, fue secuestrada y continúa desaparecida. La pequeña Ángela fue recuperada meses después por su abuela en un orfanato. A fines de ese mismo año, la dictadura también asesinó a la hija mayor del poeta, Claudia Urondo, y a su esposo. Los represores responsables del operativo de Mendoza recién fueron juzgados y condenados en el año 2011.