Maimará, el pueblo jujeño donde los cerros parecen una paleta de colores

Maimará, el pueblo jujeño donde los cerros parecen una paleta de colores

En el corazón de la Quebrada de Humahuaca, entre montañas que cambian de tonalidad según la luz del día, aparece Maimará, una pequeña localidad jujeña que combina paisajes imponentes, agricultura, historia y tradiciones ancestrales. El pueblo, ubicado en el departamento de Tilcara, se encuentra a unos 75 kilómetros de San Salvador de Jujuy y se accede fácilmente por la Ruta Nacional 9.

Maimará tiene una característica que la vuelve inconfundible: la Paleta del Pintor, una formación de cerros multicolores que domina el paisaje y que se convirtió en una de las imágenes más reconocidas de la Quebrada de Humahuaca. Sus colores se intensifican con el movimiento del sol y ofrecen una postal diferente durante las primeras horas de la mañana y al caer la tarde.

Pero reducir Maimará a una fotografía sería perderse buena parte de su encanto. Detrás de los cerros existe un pueblo agrícola, atravesado por tradiciones andinas y por una forma de vida en la que la tierra continúa teniendo un papel central.

Un pueblo entre montañas y cultivos

El río Grande corre cerca de la localidad y acompaña un paisaje donde las quintas producen verduras, frutas y flores. La actividad agrícola forma parte de la identidad de Maimará y se vuelve especialmente visible en la zona de San Pedrito, donde los cultivos dibujan una combinación de colores y texturas sobre el terreno.

La producción local también se relaciona con las tradiciones de sus habitantes y con la celebración de la Pachamama, una práctica que mantiene una fuerte presencia cultural en la Quebrada.

El gobierno de Jujuy destaca precisamente esa combinación entre producción, cultura y paisaje como uno de los rasgos que distinguen a Maimará. El turismo local ofrece experiencias vinculadas con la agricultura, la cocina, las artesanías y el contacto directo con las familias que viven y trabajan en la zona.

La Paleta del Pintor, la gran protagonista

El principal atractivo de Maimará es la formación conocida como Paleta del Pintor. Sus cerros policromados son resultado de procesos geológicos y constituyen uno de los paisajes más característicos de la Quebrada.

Un mirador ubicado sobre la ruta permite observar el pueblo y las montañas desde una perspectiva privilegiada. Es uno de esos lugares donde conviene detenerse y dejar que el paisaje haga su trabajo: no hace falta demasiado más que unos minutos de silencio para entender por qué Maimará se convirtió en una referencia turística de Jujuy.

El paisaje también puede recorrerse a pie mediante diferentes circuitos y caminatas por los alrededores del pueblo.

Un cementerio que forma parte del paisaje

En la entrada norte de Maimará se encuentra el Cementerio Nuestra Señora del Carmen, ubicado sobre una pequeña elevación. Sus construcciones coloridas contrastan con los cerros y forman parte de una de las imágenes más particulares de la localidad.

La ubicación en altura también tiene una dimensión simbólica. Según la tradición oral recogida en la región, estar más cerca del cielo favorece la conexión con el Tata Inti, el Sol.

El cementerio no es simplemente un atractivo turístico: es un espacio vinculado con la memoria y las costumbres de la comunidad, por lo que su visita requiere respeto.

Historia en cada rincón

Maimará también permite recorrer distintas etapas de la historia del norte argentino. A pocos kilómetros se encuentra la Posta de Hornillos, una construcción histórica que formó parte del antiguo camino entre el Alto Perú y el Virreinato del Río de la Plata.

Durante las guerras de la Independencia, el lugar tuvo además una función militar. Actualmente funciona como museo y conserva testimonios relacionados con las comunicaciones, los medios de transporte y los acontecimientos históricos de aquella época.

Muy cerca se encuentra el Antigal de Hornillos, un sitio arqueológico que testimonia la presencia humana en la Quebrada desde hace miles de años y que puede visitarse con guía.

Otro vestigio histórico es el Molino de Chicapa, construido en 1888. El antiguo establecimiento utilizaba piedras de moler provenientes de Iruya y producía harina para abastecer a la región. También estaba vinculado con la elaboración de chicha, una bebida tradicional de las celebraciones locales.

Tradiciones que siguen vivas

El calendario de Maimará está marcado por celebraciones que mezclan religión, cultura andina y vida comunitaria.

El Carnaval es uno de los acontecimientos más importantes y se caracteriza por sus comparsas, música y color. Durante Semana Santa se realiza un Vía Crucis Viviente, mientras que en agosto las comunidades participan de ceremonias y ofrendas a la Pachamama.

También se celebra la fiesta de Santa Ana, el 26 de julio, con una feria de objetos y comidas en miniatura, una tradición presente en distintos pueblos de la Quebrada y la Puna jujeña.

Un reconocimiento internacional

La belleza de Maimará dejó de ser solamente una cuestión de orgullo local. En 2025, la localidad fue seleccionada por ONU Turismo dentro de la iniciativa Best Tourism Villages, un reconocimiento destinado a destacar pueblos rurales que sobresalen por su patrimonio cultural, sus tradiciones y el desarrollo turístico sostenible.

La distinción colocó a Maimará en el mapa internacional y reforzó una tendencia que ya venía creciendo: la búsqueda de destinos donde el viajero pueda encontrarse con comunidades, paisajes y culturas que todavía conservan una fuerte identidad propia.

Cómo llegar y qué hacer

Desde San Salvador de Jujuy se llega a Maimará por la Ruta Nacional 9. El trayecto también permite conectar con otros destinos de la Quebrada, como Tilcara, Purmamarca y Humahuaca.

Una visita puede incluir el mirador de la Paleta del Pintor, el cementerio, caminatas por los alrededores, recorridos por zonas agrícolas, visitas a espacios históricos y experiencias gastronómicas o artesanales. El turismo provincial también destaca la posibilidad de realizar circuitos en bicicleta y recorridos hacia formaciones geológicas cercanas con guías locales.

En la gastronomía aparecen sabores propios del norte argentino, con platos como tamales, empanadas y humitas, elaborados con ingredientes profundamente ligados a la producción regional.

Maimará no necesita grandes dimensiones para convertirse en un destino memorable. Su atractivo está precisamente en esa escala pequeña: un pueblo que se recorre despacio, rodeado de cerros que parecen pintados, cultivos que cambian con las estaciones y tradiciones que sobreviven al paso del tiempo.

En la Quebrada de Humahuaca, donde cada pueblo tiene su propia historia, Maimará encontró una manera particular de contar la suya: con los colores de sus montañas, el trabajo de sus agricultores y una cultura que todavía mantiene los pies firmemente apoyados sobre la tierra.

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