LOS DOMADORES DEL VIENTO. BASE MARAMBIO

LOS DOMADORES DEL VIENTO. BASE MARAMBIO

COMO PASAN LOS DÍAS EN LA BASE 
El viento en la isla Seymour no sopla; muerde. Golpea los módulos naranjas de la Base Marambio con el rictus violento de un gigante invisible a cien kilómetros por hora. Adentro, a veintidós grados centígrados, el olor a café recién hecho y el murmullo de las tazas chinchando en el casino te hacen olvidar, por un segundo, que estás flotando sobre un desierto de hielo a cincuenta grados bajo cero.
—Acá el afuera te recuerda todo el tiempo quién manda —dice un mecánico de la dotación actual, mientras se saca los borceguíes térmicos.
Hoy la base parece una pequeña base espacial con internet y pan caliente, pero el suelo que pisan guarda el eco del esfuerzo más bestial de la historia aeronáutica argentina. En 1969, la Patrulla Soberanía desembarcó en esta meseta con poco más que picos, palas y un coraje que rozaba la locura. Vivían en carpas de tela que el viento amenazaba con arrancar hacia el mar de Weddell. Con las manos ampolladas y las pestañas pegadas por la escarcha, esos veintiún hombres partieron la roca congelada a fuerza de brazos para regalarle al país una pista de aterrizaje natural.
El 29 de octubre de ese año, el estruendo de un avión Douglas C-47 rompió el silencio milenario del continente blanco. Cuando las ruedas tocaron la tierra brava de la isla, el aislamiento de la Antártida se quebró para siempre.
La rutina del encierro
Hoy, la mítica pista sigue ahí, limpia de nieve gracias al mismo viento traicionero que la mantiene operativa. Pero la verdadera supervivencia se juega tranqueras adentro, en la convivencia de los más de cincuenta residentes que pasan el invierno aislados del mapa:
  • El despertador del diablo: A veces el temporal ruge tan fuerte que las paredes vibran y es imposible pegar un ojo en toda la noche.
  • El ritual del casino: La campana del comedor es el corazón de la base; ahí se cura la "locura del glaciar" compartiendo anécdotas y truco.
  • El shock del bautismo: Al que llega por primera vez, el bautismo de nieve en la cara le recuerda que la Antártida no te recibe, te tolera.
  • La ciencia del frío: Entre mate y mate, paleontólogos y meteorólogos analizan datos que explican el clima del planeta entero.

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