El presidente español disolvió las Cortes después de perder una votación clave sobre vivienda y decidió llevar la disputa directamente a las urnas. Busca reconstruir una mayoría progresista frente a un escenario que hoy favorece al Partido Popular y a Vox. La vivienda, los derechos sociales, la inmigración y el avance de la extrema derecha estarán en el centro de una campaña decisiva para España y observada desde toda Europa.
Pedro Sánchez volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando parece acorralado: subir la apuesta.
El presidente del Gobierno español anunció la disolución de las Cortes Generales y convocó elecciones anticipadas para el próximo 29 de noviembre, poniendo fin a meses de incertidumbre sobre la supervivencia de una legislatura marcada por una mayoría parlamentaria cada vez más difícil de sostener.
La decisión llegó después de un golpe particularmente duro en el Congreso. El Partido Popular (PP), la ultraderecha de Vox y Junts unieron sus votos para rechazar dos decretos sobre vivienda impulsados por el Ejecutivo.
La derrota terminó de convencer a Sánchez de que el esquema parlamentario construido después de las elecciones de 2023 había llegado a un límite.
Pero el líder socialista no presentó el adelanto electoral como una retirada. Hizo exactamente lo contrario: convirtió la elección en una batalla política entre dos modelos de país.
España deberá decidir, planteó, si se incorpora a la ola reaccionaria que avanza en distintos lugares del mundo o sostiene un proyecto basado en derechos sociales, transición ecológica y fortalecimiento del Estado de bienestar.
La vivienda encendió la mecha
El detonante inmediato fue la crisis habitacional.
El Gobierno había impulsado nuevas medidas después de que el desahucio de una mujer de 87 años en Madrid provocara una fuerte conmoción social y movilizaciones ciudadanas.
Los decretos incluían medidas destinadas a contener desalojos y aliviar la situación de los inquilinos. Pero el Ejecutivo volvió a comprobar la fragilidad de su mayoría cuando Junts decidió votar junto al PP y Vox y hacer caer las iniciativas.
La lectura dentro de La Moncloa fue política antes que parlamentaria: si el Gobierno ya no podía aprobar algunas de sus principales medidas sociales, continuar administrando esa debilidad hasta 2027 podía terminar convirtiendo la legislatura en una larga agonía.
Sánchez decidió cortar antes.
Y transformar una derrota en el Congreso en el comienzo de una campaña electoral.
Una elección contra la ola ultraderechista
El corazón de la estrategia socialista está ahí.
Sánchez pretende que las elecciones no sean solamente un plebiscito sobre sus años de gobierno. Busca convertirlas en una decisión sobre la posibilidad concreta de que la ultraderecha llegue al poder nacional de la mano del PP.
El adversario ya no será únicamente Alberto Núñez Feijóo.
Será también Santiago Abascal.
Vox viene creciendo y los sondeos disponibles dibujan un escenario complicado para la izquierda. El promedio de encuestas recogido por RTVE proyecta al PP como primera fuerza y señala que, junto con Vox, podría superar ampliamente la mayoría absoluta del Congreso.
Por eso Sánchez necesita polarizar.
Su apuesta consiste en colocar frente al electorado una pregunta sencilla: no sólo quién gobernará España, sino qué tipo de derecha podría gobernarla.
Refundar la mayoría progresista
El desafío es enorme porque Sánchez necesita algo más que una buena elección del PSOE.
Necesita reconstruir la mayoría progresista que permitió su investidura.
El problema es que el espacio situado a la izquierda del Partido Socialista llega fragmentado. Sumar, Podemos, Más Madrid, Izquierda Unida y otras fuerzas deberán resolver en pocas semanas si vuelven a presentarse divididas o encuentran alguna fórmula de unidad.
La posibilidad de conformar un Frente Amplio ya estaba en discusión antes del anuncio electoral y ahora los tiempos se aceleraron.
Sánchez sabe que cada voto perdido entre distintas listas progresistas puede resultar decisivo en el reparto de bancas.
Por eso el 29 de noviembre no se jugará únicamente el futuro del PSOE. También estará en discusión la capacidad de toda la izquierda española para construir nuevamente una mayoría parlamentaria.
El PP quiere terminar con el sanchismo
En la vereda de enfrente, el Partido Popular observa las elecciones como la oportunidad que esperaba desde 2023.
Feijóo ganó aquellos comicios, pero no consiguió reunir los apoyos necesarios para ser investido presidente. Sánchez logró entonces construir una compleja mayoría con fuerzas de izquierda, nacionalistas e independentistas.
Tres años después, el escenario puede ser diferente.
El desgaste del Gobierno, las disputas con sus antiguos aliados y las controversias judiciales que golpearon al entorno socialista alimentan las expectativas conservadoras.
Pero existe un problema que el PP no puede esquivar: los números indican que podría necesitar a Vox para gobernar.
Y allí aparece precisamente la oportunidad de Sánchez.
El socialista intentará convertir cada avance de Abascal en un argumento para movilizar al electorado moderado y progresista.
La economía favorable no alcanza
España llega a las elecciones con una paradoja.
Sus indicadores macroeconómicos presentan resultados mejores que los de buena parte de Europa. El crecimiento continúa por encima del promedio de la eurozona y el empleo alcanzó niveles elevados.
Sin embargo, esa mejora convive con problemas cotidianos que golpean especialmente a los jóvenes y las clases medias.
El principal es la vivienda.
Los precios crecieron con fuerza, conseguir un alquiler se convirtió en una dificultad estructural en las grandes ciudades y la oferta de vivienda social continúa siendo insuficiente.
Ese contraste explica buena parte del clima político español: una economía que crece pero que no consigue transformar ese crecimiento en seguridad material para todos.
La campaña se disputará justamente en esa contradicción.
Inmigración, derechos sociales y modelo de país
La vivienda no será el único tema.
La inmigración ocupará un lugar central, especialmente por el discurso cada vez más duro de Vox y sectores del PP.
También estarán en discusión la política fiscal, las autonomías regionales, los servicios públicos, la transición energética y la relación entre Madrid y Cataluña. Reuters identifica esos asuntos entre los principales ejes de la elección anticipada.
Sánchez intentará presentar sus años de gestión como una etapa de ampliación de derechos y crecimiento económico.
La derecha buscará convertir la elección en un juicio al presidente.
Vox irá más lejos: intentará transformar los comicios en una disputa sobre inmigración, identidad nacional y seguridad.
Sánchez vuelve a apostar todo
No es la primera vez que Pedro Sánchez parece políticamente terminado.
Y tampoco es la primera vez que responde convocando al electorado.
En 2023 adelantó las elecciones después de la derrota socialista en los comicios municipales y autonómicos. El PP terminó siendo la fuerza más votada, pero Sánchez consiguió sobrevivir construyendo una mayoría parlamentaria inesperada.
Ahora vuelve a utilizar una estrategia semejante, aunque las condiciones son distintas.
Esta vez no busca solamente sobrevivir.
Necesita reconstruir una mayoría que le permita gobernar.
La elección del 29 de noviembre será, por eso, mucho más que una disputa entre Sánchez y Feijóo. También medirá hasta dónde puede crecer Vox y si España se suma al desplazamiento hacia la derecha que atraviesa distintas democracias europeas o mantiene un gobierno progresista.
Sánchez decidió no esperar a 2027.
Puso las cartas sobre la mesa y convirtió su debilidad parlamentaria en una apuesta electoral de altísimo riesgo.
Puede recuperar la iniciativa y conseguir la mayoría que perdió en el Congreso.
O puede abrirle definitivamente la puerta de La Moncloa a una alianza entre el PP y Vox.
En menos de dos meses, las urnas españolas tendrán la respuesta.
El calendario ya está en marcha: la campaña formal comenzará el 13 de noviembre, el 28 será jornada de reflexión y las elecciones se celebrarán el domingo 29 de noviembre.