MILEI AÚN SIN VOTOS PARA ELIMINAR LAS PASO

MILEI AÚN SIN VOTOS PARA ELIMINAR LAS PASO

 

En política existe una diferencia fundamental entre tener iniciativa y tener poder.

Javier Milei conserva la primera. La segunda, en cambio, sigue dependiendo de una institución que nunca terminó de conquistar: el Congreso.

La discusión por la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) volvió a demostrar una característica que atraviesa toda la gestión libertaria. El Presidente puede instalar la agenda pública con una velocidad pocas veces vista desde el regreso de la democracia, pero transformar esa agenda en leyes continúa siendo una tarea mucho más compleja.

La Casa Rosada imaginó que el debate electoral sería relativamente sencillo. Después de las elecciones legislativas de 2025, con un oficialismo fortalecido y una oposición fragmentada, parecía posible avanzar sobre un viejo objetivo: terminar con un mecanismo que el Gobierno considera costoso, innecesario y funcional a los partidos tradicionales.

Sin embargo, la realidad parlamentaria volvió a imponerse.

Los números no cierran.

Y cuando los números no cierran, la política reaparece.

El límite de la mayoría relativa

Desde el comienzo de su mandato, Milei construyó una forma particular de ejercer el poder. La confrontación permanente reemplazó a la negociación clásica. La presión de la opinión pública buscó convertirse en un sustituto de los acuerdos legislativos.

Ese método produjo resultados importantes en algunos momentos. Gobernadores que cedieron posiciones. Bloques dialoguistas que acompañaron reformas. Sectores opositores que evitaron aparecer como responsables de un bloqueo institucional.

Pero esa fórmula empieza a mostrar signos de desgaste.

La eliminación definitiva de las PASO requiere mucho más que voluntad presidencial. Exige una mayoría parlamentaria que hoy no aparece. Incluso entre los aliados del oficialismo persisten dudas sobre una reforma que modifica las reglas del juego electoral a poco más de un año del proceso presidencial. 

Los aliados también ponen condiciones

En la lógica del Gobierno existe una premisa sencilla: si desaparecen las PASO, las distintas expresiones del peronismo tendrán mayores dificultades para ordenar sus candidaturas nacionales.

La oposición, en cambio, interpreta exactamente lo contrario.

Sostiene que la eliminación de las primarias, combinada con el eventual regreso de las listas colectoras, podría incentivar una mayor fragmentación electoral y beneficiar a un oficialismo que necesita dividir más que ampliar. Esa diferencia de interpretación explica por qué incluso sectores habitualmente cercanos a la Casa Rosada mantienen reservas frente al proyecto. La promesa de habilitar colectoras no alcanzó para consolidar una mayoría parlamentaria. 

Gobernadores: el nuevo centro de gravedad

La discusión también revela otro fenómeno político.

Los gobernadores recuperaron capacidad de veto.

Después de varios meses marcados por la centralidad presidencial, las provincias volvieron a convertirse en actores imprescindibles para cualquier reforma institucional. Cada mandatario analiza la conveniencia de modificar el calendario electoral según su propia realidad política y no necesariamente según las prioridades nacionales.

Por eso la reunión convocada por Milei en Tucumán, en el marco de los actos por el Día de la Independencia, excede el valor simbólico. El Presidente necesita mostrar que todavía conserva capacidad para construir acuerdos políticos, aun cuando esos acuerdos sean parciales y transitorios.

El Congreso vuelve a marcar el ritmo

Durante meses, el oficialismo alimentó la idea de que el Parlamento debía limitarse a convalidar una dirección política definida desde la Casa Rosada.

La experiencia reciente demuestra otra cosa.

El Congreso volvió a convertirse en un espacio de negociación permanente. Ningún bloque posee por sí solo la fuerza suficiente para imponer sus condiciones. Cada ley requiere conversaciones, concesiones y cálculos finos.

Paradójicamente, esa es una de las características más tradicionales del sistema político argentino: los presidentes pueden ganar elecciones con amplitud, pero gobernar exige construir mayorías que nunca son automáticas.

Más que una reforma electoral

La discusión sobre las PASO dejó de ser solamente un debate técnico.

Se transformó en una medición de fuerzas.

Si el Gobierno consigue reunir los votos, habrá demostrado que todavía conserva capacidad para ordenar a sus aliados y conducir la agenda legislativa.

Si fracasa, quedará expuesta una limitación cada vez más visible: la potencia comunicacional de Milei continúa siendo enorme, pero su capacidad para convertir esa potencia en mayorías parlamentarias encuentra un límite concreto.

En democracia, las redes sociales pueden instalar un tema.

Los discursos pueden movilizar a millones.

Las encuestas pueden modificar el clima político.

Pero las leyes siguen aprobándose con votos.

Y esa sigue siendo la única mayoría que el Gobierno, por ahora, no termina de asegurar.

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