Antes de que empiece a rodar la pelota en el Mundial 2030, la Selección Argentina ya habrá atravesado uno de los desafíos más difíciles de cualquier equipo campeón: aprender a jugar sin varios de los futbolistas que marcaron una época.
No se trata de una decisión técnica ni de una cuestión de rendimiento. Es simplemente el paso del tiempo. La generación que devolvió a la Argentina a la cima del fútbol mundial comienza a transitar el tramo final de su recorrido y, aunque algunos puedan estirar su carrera unos años más, todo indica que varios de sus referentes difícilmente lleguen a disputar la próxima Copa del Mundo.
Entre ellos aparecen nombres que quedaron grabados para siempre en la memoria de los hinchas: Lionel Messi, Emiliano "Dibu" Martínez, Nicolás Otamendi, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Nicolás Tagliafico y Juan Musso. Cuando el Mundial de 2030 se dispute en España, Portugal y Marruecos —con los partidos inaugurales en Argentina, Uruguay y Paraguay por el centenario del torneo— todos ellos tendrán una edad que hace muy improbable su presencia.
La situación de Messi resume mejor que ninguna otra el cambio de ciclo. El capitán llegará con 43 años y, aunque a lo largo de su carrera desafió una y otra vez los límites de lo posible, ni siquiera él parece dispuesto a extender su historia mundialista hasta esa edad. Otamendi, otro símbolo del grupo, también superará los 42.
Detrás de ellos aparecen futbolistas que fueron indispensables en la construcción del ciclo de Lionel Scaloni. De Paul, el motor silencioso del mediocampo; Paredes, dueño del equilibrio; Tagliafico, garantía por la banda izquierda; y Dibu Martínez, protagonista de algunas de las atajadas más importantes de la historia del seleccionado, formarían parte de una despedida que, aunque todavía lejana, ya empieza a asomar en el horizonte.
Pero si algo dejó este proceso es una enseñanza: ninguna selección puede vivir de los recuerdos.
Scaloni lo entendió hace tiempo y comenzó la renovación mucho antes de que fuera una necesidad. Mientras los históricos siguen aportando experiencia, una nueva camada gana espacio con naturalidad. Cristian Romero ya es uno de los líderes del fondo; Enzo Fernández y Alexis Mac Allister manejan el mediocampo con personalidad; Julián Álvarez se consolidó como una referencia ofensiva, mientras que nombres como Alejandro Garnacho, Thiago Almada, Claudio Echeverri, Valentín Barco y Facundo Buonanotte representan el futuro inmediato.
La transición, sin embargo, va mucho más allá de reemplazar futbolistas. Lo verdaderamente complejo será sustituir el liderazgo de un grupo que transformó para siempre la historia de la Selección.
Aquellos jugadores no solo levantaron trofeos. Cortaron una sequía de 28 años sin títulos, conquistaron la Copa América 2021, la Finalissima, el inolvidable Mundial de Qatar 2022 y sostuvieron durante años a la Argentina entre las mejores selecciones del planeta. Construyeron una identidad que volvió a reconciliar al equipo con la gente.
Por eso, el desafío hacia 2030 no será encontrar "otro Messi". Ese lugar simplemente no existe. Como tampoco existió otro Maradona. Lo que intentará hacer la Selección será escribir una nueva historia con otros protagonistas, respetando el legado de quienes devolvieron la ilusión a millones de argentinos.
Las grandes generaciones siempre terminan. Ocurrió con la España campeona del mundo, con la Alemania de Löw y con la Italia que conquistó el título en 2006. La Scaloneta no será la excepción.
La diferencia es que, esta vez, la Argentina parece haber aprendido la lección: el futuro comenzó a construirse antes de que el presente llegara a su final. Y quizás esa sea la mejor noticia para un país que volvió a acostumbrarse a mirar el fútbol con esperanza.