El Círculo Rojo enciende las alarmas del riesgo político y económico de Milei

El Círculo Rojo enciende las alarmas del riesgo político y económico de Milei

El Círculo Rojo enciende las alarmas: el riesgo político y económico de Milei

La relación entre el gobierno de Javier Milei y el poder económico atraviesa una zona de tensión que hasta hace poco parecía difícil de imaginar. Sectores del denominado Círculo Rojo, que durante buena parte de la gestión libertaria respaldaron el rumbo económico, comenzaron a expresar preocupación por el deterioro de la situación social, la inestabilidad política y el comportamiento de los mercado

El establishment empieza a tomar distancia

Durante los primeros meses de la administración libertaria, buena parte del empresariado celebró la reducción del gasto público, la desregulación y las señales favorables al capital privado. El Gobierno construyó buena parte de su legitimidad ante los mercados sobre la promesa de establecer un modelo económico orientado a las empresas y a la inversión.

Pero ese respaldo comenzó a mostrar fisuras.

La preocupación que aparece ahora entre sectores empresarios está vinculada con una combinación particularmente delicada: recesión, pérdida del poder adquisitivo, endeudamiento de las familias, incertidumbre política y dificultades para sostener la estabilidad financiera.

Según el planteo de Leandro Renou, la crisis de la economía cotidiana comenzó a generar preocupación incluso entre quienes no cuestionan los fundamentos generales del programa libertario. El problema, para esos sectores, es que el deterioro social puede terminar afectando la estabilidad que necesitan las empresas y los mercados para operar.

El riesgo país como señal de alarma

Uno de los puntos centrales de la discusión es el comportamiento del riesgo país. Para los sectores financieros y empresariales, una eventual pérdida de confianza puede convertirse en un problema mucho más serio si se combina con presión sobre los mercados cambiarios y dificultades para refinanciar las obligaciones financieras.

El temor que aparece entre algunos integrantes del poder económico es que la inestabilidad política termine trasladándose directamente a las variables financieras.

El razonamiento es sencillo: un Gobierno que necesita recuperar confianza para sostener su programa económico no puede permitirse que los inversores comiencen a considerar incierto su futuro político.

Y allí aparece la paradoja que atraviesa al oficialismo. El mismo modelo que busca garantizar confianza en los mercados puede terminar debilitándola si la crisis social y política se profundiza.

La economía de las familias entra en escena

Mientras el Gobierno sostiene su discurso sobre el equilibrio fiscal y la recuperación de determinados indicadores macroeconómicos, el deterioro de las economías familiares se transformó en uno de los principales puntos de conflicto.

El endeudamiento de los hogares, la utilización creciente del crédito para afrontar gastos cotidianos y la pérdida del poder de compra forman parte de una realidad que ya no puede ser explicada únicamente mediante estadísticas macroeconómicas.

Analistas políticos señalan,  que el deterioro de la microeconomía comienza a tener consecuencias sobre los mercados. Es decir, aquello que inicialmente podía ser presentado como un costo transitorio del ajuste empieza a ser considerado por sectores empresarios como un problema capaz de comprometer la actividad económica.

La cuestión deja de ser entonces cuánto se reduce el déficit o cuánto baja determinado indicador y pasa a ser otra: cuánto tiempo puede sostenerse un programa económico cuando amplios sectores sociales pierden capacidad de consumo y recurren al endeudamiento para sobrevivir.

La búsqueda de una alternativa dentro del mismo modelo

Otro fenómeno señalado en el análisis es la aparición de una inquietud particular dentro del empresariado: algunos sectores comenzaron a explorar la posibilidad de sostener determinadas políticas económicas sin necesariamente apostar a una conducción política tan confrontativa como la de Milei.

En otras palabras, la discusión no sería necesariamente entre el modelo libertario y su abandono, sino entre Milei y la posibilidad de una versión menos extrema del mismo programa.

Ese movimiento revela un cambio significativo. El establishment puede continuar defendiendo la reducción del déficit, la apertura económica y los incentivos a la inversión privada, pero al mismo tiempo considerar que el estilo presidencial constituye un factor de riesgo.

El problema para el Gobierno es que esa separación entre el programa y su principal conductor resulta difícil de realizar. Milei construyó su identidad política alrededor de la confrontación, la descalificación de sus adversarios y una retórica que difícilmente pueda moderarse sin afectar el núcleo de su identidad.

El fantasma de la inestabilidad

La mayor preocupación empresarial no sería solamente una eventual derrota electoral. El temor más inmediato es que la combinación de malestar social, incertidumbre política y tensión financiera genere un escenario de inestabilidad.

En ese contexto, el poder económico comienza a observar con mayor atención lo que ocurre fuera de los mercados: las protestas, el malestar de los trabajadores, la situación de los jubilados, el endeudamiento familiar y la pérdida de capacidad de consumo.

La política vuelve así a entrar por la puerta de la economía.

El Gobierno puede sostener que los mercados miran únicamente el equilibrio fiscal, la emisión monetaria o las reservas. Sin embargo, para una parte del empresariado, la estabilidad política también es una variable económica.

Kicillof y la disputa por el futuro

En paralelo, algunos sectores empresarios comenzaron a mirar con atención a figuras de la oposición, entre ellas el gobernador bonaerense Axel Kicillof.

La relación no está exenta de tensiones. Existen empresarios que observan con preocupación algunas propuestas y discursos provenientes del peronismo bonaerense y temen un giro hacia políticas de mayor intervención estatal.

Pero incluso dentro de ese sector aparece una consideración pragmática: la prioridad es recuperar estabilidad y evitar que el deterioro social termine convirtiéndose en una crisis política de mayores dimensiones.

El propio Kicillof viene planteando que el problema central está en el rumbo económico nacional y en sus consecuencias sociales, mientras el Gobierno nacional busca presentar las dificultades como el costo inevitable de la transformación.

La paradoja del poder económico

La situación encierra una paradoja.

El Gobierno de Milei llegó al poder con un fuerte respaldo de sectores empresarios que consideraban necesario terminar con décadas de políticas económicas que, según su diagnóstico, habían generado inflación, déficit y distorsiones.

Sin embargo, cuando el ajuste comienza a afectar el consumo, la actividad y las expectativas, parte de ese mismo poder económico empieza a preguntarse si la estrategia puede sostenerse.

El temor no necesariamente es que Milei abandone su programa. Para muchos empresarios, el riesgo puede ser exactamente el contrario: que el Presidente profundice su estrategia de confrontación aun cuando las condiciones económicas y sociales exijan mayor estabilidad.

De allí surge la advertencia que atraviesa el análisis: el riesgo ya no sería solamente el resultado de una determinada política económica, sino la imprevisibilidad política asociada al propio Presidente.

Un respaldo que deja de ser incondicional

El dato más significativo es que las críticas ya no provienen únicamente de sindicatos, movimientos sociales, sectores de la oposición o economistas críticos del Gobierno.

Ahora comienzan a aparecer cuestionamientos dentro del propio universo empresarial que durante años reclamó un programa de ajuste y desregulación.

Eso no significa que el Círculo Rojo haya abandonado al Gobierno ni que exista una ruptura generalizada. Pero sí muestra que el respaldo dejó de ser automático.

La advertencia es clara: si la crisis social se profundiza, la economía se enfría y la incertidumbre política aumenta, incluso quienes se beneficiaron o apoyaron el rumbo oficial pueden comenzar a considerar que Milei se convirtió en un factor de riesgo para el propio modelo que pretendían consolidar.

El Gobierno todavía conserva una herramienta poderosa: su capacidad para imponer agenda y mantener un discurso coherente con su núcleo de votantes. Pero la pregunta que comienza a recorrer los despachos empresariales es otra: cuánto puede durar ese respaldo si la economía real continúa deteriorándose.

Y allí aparece la contradicción central de la etapa: el poder económico quería un Gobierno que garantizara las condiciones para hacer negocios. Ahora algunos de sus integrantes comienzan a preguntarse si el problema no es precisamente el Gobierno que ayudaron a construir.

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