El ajuste no derrama y la inflación vuelve a acelerarse

El ajuste no derrama y la inflación vuelve a acelerarse

 

Después de 32 meses de política de ajuste, el Gobierno de Javier Milei mantiene como bandera la idea de que “no hay plata”. Sin embargo, la inflación no desapareció y los ingresos de amplios sectores de la sociedad siguen sin recuperar el terreno perdido. En los primeros siete meses de 2026, los precios aumentaron 19,3%, por encima del 17,3% registrado durante el mismo período de 2025.

La pregunta que atraviesa el escenario económico argentino ya no es solamente cuánto bajó el déficit o cuánto logró recortar el Estado. Es otra, mucho más concreta para millones de personas: ¿cuándo habrá plata en los bolsillos?

El interrogante aparece después de más de dos años y medio de un programa económico basado en el ajuste fiscal, la reducción del gasto público y una política monetaria orientada a contener la inflación. El Gobierno de Javier Milei sostiene que ese camino es indispensable para ordenar la economía y construir las condiciones para una recuperación sostenida.

Pero los números muestran una paradoja. Mientras el oficialismo insiste en que la estabilización permitirá recuperar el poder adquisitivo más adelante, los precios continúan aumentando y el consumo permanece condicionado por la pérdida de ingresos.

Una inflación que no desapareció

Uno de los principales argumentos utilizados por el Gobierno para justificar el ajuste fue la necesidad de derrotar la inflación. La lógica oficial planteaba que el recorte del gasto y el ordenamiento de las cuentas públicas permitirían estabilizar los precios y, posteriormente, generar las condiciones para el crecimiento.

Sin embargo, durante los primeros siete meses de 2026 el Índice de Precios al Consumidor acumuló una suba del 19,3%, dos puntos porcentuales por encima del incremento registrado durante el mismo período de 2025, cuando había alcanzado el 17,3%.

El dato introduce una discusión incómoda para el relato oficial. Si el ajuste debía conducir a una reducción progresiva de la inflación, la comparación interanual muestra que el proceso todavía no logró consolidarse en los términos esperados.

Y para los hogares, la estadística tiene una traducción sencilla: los ingresos deben alcanzar para comprar cada vez menos o para sostener un nivel de consumo inferior al de años anteriores.

El problema de esperar la recuperación

El Gobierno sostiene que la economía necesita atravesar una etapa de sacrificio antes de recoger los resultados. El problema es que esa espera tiene un costo social concreto.

Durante estos meses, el mercado laboral también mostró señales negativas. La caída del empleo registrado, los despidos y el cierre de empresas conforman un escenario que dificulta todavía más la recuperación del consumo.

La ecuación es conocida: si una persona pierde su empleo o ve deteriorado su salario, reduce sus gastos. Cuando millones de trabajadores hacen lo mismo, el consumo interno se debilita. Y cuando las empresas venden menos, enfrentan mayores dificultades para invertir, contratar y sostener su actividad.

De este modo, el ajuste puede terminar alimentando un círculo en el que la recuperación se posterga mientras la sociedad espera que aparezca el prometido derrame.

La pregunta que incomoda al modelo

La frase “no hay plata” se convirtió en uno de los conceptos centrales del discurso económico de Milei. Sirvió para justificar recortes presupuestarios, reducción de transferencias y una fuerte contracción del gasto estatal.

Pero después de 32 meses, la pregunta empieza a ser diferente: si el ajuste era el camino para generar las condiciones de una economía más próspera, ¿cuándo llegará esa mejora a los ingresos de la mayoría?

Porque una economía puede mostrar determinados indicadores de estabilidad y, al mismo tiempo, mantener una realidad cotidiana marcada por salarios que no alcanzan, consumo deprimido y familias obligadas a modificar sus hábitos.

El desafío consiste entonces en pasar de la estabilidad macroeconómica a una recuperación que pueda sentirse en la vida cotidiana.

Crecer no es solamente ajustar

La discusión económica también pone sobre la mesa qué tipo de crecimiento pretende construir la Argentina. Reducir el déficit puede ser un objetivo fiscal, pero no constituye por sí mismo una estrategia de desarrollo.

Para que la recuperación sea sostenible se necesitan inversión, producción, empleo, salarios capaces de sostener el consumo y un mercado interno con capacidad de expansión.

La pregunta sobre cuándo habrá plata, por lo tanto, no es una cuestión menor ni una simple consigna política. Resume el principal interrogante sobre el modelo económico: cómo transformar una estabilización basada en el ajuste en una mejora concreta de las condiciones de vida.

El bolsillo como última prueba

Los indicadores macroeconómicos pueden mostrar avances y retrocesos, pero existe un termómetro que difícilmente pueda maquillarse: el bolsillo de los argentinos.

Si la inflación continúa acumulándose, si los empleos registrados disminuyen y si las empresas cierran, la recuperación prometida queda cada vez más lejos de la experiencia cotidiana.

El Gobierno apuesta a que el tiempo termine dándole la razón. La sociedad, mientras tanto, espera resultados concretos.

Después de 32 meses de ajuste, la pregunta sigue abierta. Y los datos de inflación de 2026 la vuelven todavía más difícil de esquivar: si la plata todavía no llegó, ¿cuánto más habrá que esperar?

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