El Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries volvió a demostrar su enorme capacidad de convocatoria. Según las organizadoras, más de 100 mil personas llegaron a Córdoba desde distintos puntos del país para participar de una movilización atravesada por la defensa de los derechos conquistados, el rechazo a las políticas de ajuste y la reivindicación de la diversidad. Una multitud que convirtió las calles en un territorio de encuentro, memoria y resistencia.
Córdoba volvió a ser escenario de una de las expresiones más multitudinarias y diversas del movimiento feminista argentino. Miles de mujeres y disidencias llegaron desde distintas provincias con pañuelos, banderas, carteles y una convicción compartida: encontrarse, debatir y hacer visibles sus demandas en un contexto político y económico atravesado por fuertes tensiones.
De acuerdo con las estimaciones de la organización, más de 100 mil personas participaron del Encuentro Plurinacional, una cifra que refleja la capacidad de convocatoria de un movimiento que mantiene su presencia territorial a pesar de los cambios políticos y sociales.
La movilización reunió generaciones, identidades y experiencias diferentes. Mujeres de organizaciones barriales, militantes feministas, integrantes de comunidades indígenas, trabajadoras, estudiantes y activistas de la diversidad sexual confluyeron en una jornada que combinó celebración, debate político y reivindicación de derechos.
La masividad fue el dato más visible. Pero detrás de los números apareció algo más profundo: una red de organizaciones que continúa construyendo espacios colectivos de participación y discusión.
Una multitud que llegó desde todos los rincones del país
El Encuentro Plurinacional tiene una particularidad que lo distingue de otras convocatorias: su organización horizontal, su carácter federal y la posibilidad de que miles de participantes compartan experiencias sin necesidad de pertenecer a una misma organización política.
Durante las jornadas, los talleres funcionan como espacios de intercambio sobre problemáticas que atraviesan la vida cotidiana: violencia de género, trabajo, salud, educación, diversidad sexual, acceso a la vivienda, derechos reproductivos y participación política.
Cada debate permite poner en común realidades que muchas veces permanecen invisibilizadas.
La trabajadora que enfrenta dificultades para sostener económicamente a su familia, la joven que reclama educación sexual integral, la integrante de una comunidad indígena que defiende su territorio o la militante trans que exige igualdad de oportunidades encuentran en estos espacios la posibilidad de compartir sus experiencias.
Esa diversidad constituye una de las principales fortalezas históricas del movimiento.
Los derechos conquistados, en el centro de la discusión
El encuentro se desarrolló en un escenario marcado por los cuestionamientos a las políticas del Gobierno nacional en materia de género y diversidad.
Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, la eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y la reestructuración de programas estatales generaron críticas de organizaciones feministas y de derechos humanos.
Para esos sectores, la reducción de estructuras públicas especializadas puede afectar las herramientas disponibles para prevenir y atender situaciones de violencia de género.
El Gobierno, por su parte, ha defendido esas decisiones como parte de su programa de reducción del gasto público y reorganización del Estado.
La discusión estuvo presente en el clima político del encuentro: qué responsabilidades debe asumir el Estado para garantizar derechos y cuáles son las consecuencias de disminuir los recursos destinados a políticas de igualdad.
También se destacó la necesidad de preservar conquistas históricas como la Ley de Educación Sexual Integral, la Ley de Identidad de Género, el matrimonio igualitario y el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo.
El ajuste también tiene rostro de mujer
La situación económica ocupó un lugar importante en las preocupaciones expresadas por el movimiento.
La pérdida de poder adquisitivo, la precarización laboral y las dificultades para acceder a servicios básicos afectan de manera particular a quienes sostienen tareas de cuidado no remuneradas.
En muchos hogares, esas responsabilidades continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
Por eso, la discusión económica no puede separarse de la agenda de género.
El precio de los alimentos, el costo del transporte, los alquileres, la disponibilidad de medicamentos y el acceso a la salud pública forman parte de una misma realidad cotidiana.
Desde esa perspectiva, las organizaciones plantean que las políticas económicas deben evaluarse no solamente por sus resultados fiscales, sino también por sus efectos sobre las condiciones materiales de vida.
Una historia que comenzó mucho antes del pañuelo verde
Los encuentros de mujeres en Argentina tienen una trayectoria de cuatro décadas.
El primero se realizó en Buenos Aires en 1986, en una democracia que todavía estaba reconstruyéndose después de la última dictadura cívico-militar.
Desde entonces, la convocatoria creció y se transformó en un espacio fundamental para el intercambio de experiencias, la organización territorial y la construcción de demandas colectivas.
Muchos de los debates que años después alcanzaron al Congreso nacional comenzaron a tomar fuerza en estos encuentros.
La lucha por la legalización del aborto constituye uno de los ejemplos más conocidos. Durante décadas, el reclamo atravesó talleres, marchas y discusiones hasta convertirse en ley en diciembre de 2020.
La incorporación de una perspectiva plurinacional y de las identidades de la diversidad sexual también refleja los cambios que experimentó el movimiento a lo largo de su historia.
Hoy, el encuentro expresa una pluralidad de voces que no siempre coinciden en sus estrategias, pero comparten la decisión de sostener un espacio colectivo.
Córdoba, una ciudad atravesada por la memoria feminista
La elección de Córdoba también tiene una dimensión simbólica.
La provincia posee una extensa tradición de organización estudiantil, sindical, social y de derechos humanos. En sus calles se desarrollaron acontecimientos que marcaron la historia política argentina, desde la Reforma Universitaria de 1918 hasta el Cordobazo de 1969.
En ese escenario, la presencia masiva de mujeres y disidencias volvió a vincular la ocupación del espacio público con la construcción de demandas sociales.
Las banderas de los pueblos originarios, los pañuelos verdes, los símbolos de la diversidad y los carteles de distintas organizaciones mostraron la amplitud de una convocatoria que excede las identidades partidarias.
Una fuerza que permanece en movimiento
La jornada dejó una imagen difícil de ignorar: una multitud reunida para debatir, reclamar y celebrar la posibilidad de encontrarse.
La magnitud de la convocatoria, estimada por las organizadoras en más de 100 mil participantes, constituye un indicador de la capacidad de movilización que conserva el movimiento feminista argentino.
También expresa la persistencia de demandas que siguen abiertas, desde la prevención de la violencia de género hasta la igualdad económica y el reconocimiento de las diversidades.
El Encuentro Plurinacional volvió a demostrar que los cambios políticos no eliminan las discusiones sociales que atraviesan a una comunidad.
En Córdoba, esas discusiones tuvieron cuerpos, voces, canciones y banderas.
Y una certeza compartida por quienes participaron: los derechos también se defienden construyendo espacios donde las personas puedan encontrarse, organizarse y hacerse escuchar.