ANNIE

ANNIE

La maquinaria de la nostalgia de Broadway aterrizó en Buenos Aires con una sobredosis de azúcar y pelucas coloradas, y su centro de operaciones se montó en el mítico 
Caminar por la Avenida Corrientes hoy es toparse de frente con un cartel gigante de Annie, el musical que promete conmover hasta a las piedras y que vende sus localidades a través de Plateanet. Llevo tres décadas firmando notas en la Revista Ñ y les aseguro que el olfato comercial de la dupla de productores Nicolás Vázquez y Gustavo Yankelevich es implacable. Trajeron una megaestructura imponente —650 cambios de luces, 25 movimientos escenográficos y tres elencos rotativos de niñas— para empaquetar una fábula sobre la Gran Depresión estadounidense de 1933 que se digiere tan fácil como un postre de vainilla. 
La obra funciona como un reloj suizo de la sensiblería. Todo el mundo conoce el eterno optimismo de la huerfanita que canta "Tomorrow", esa melodía pegadiza que se te mete en el cerebro y no te suelta por tres días. Sin embargo, el verdadero termómetro del público porteño se activa cuando aparece en escena Lizy Tagliani encarnando a la infame Miss Hannigan, la borracha y tiránica directora del orfanato. Lizy es un animal de la comedia; tiene una capacidad única para desarmar la solemnidad de Broadway con un solo remate callejero. El peligro es que el espectador va a ver un clásico teatral y por momentos se encuentra asistiendo a un unipersonal de stand-up donde la estructura del musical y la partitura original sufren un sutil tirón de orejas para amoldarse al carisma de la capocómica. 
A su lado, Miguel Ángel Rodríguez compone a un Oliver Warbucks correcto, un multimillonario cascarrabias que se va ablandando con la velocidad que impone un guion ATP, secundado por la siempre luminosa y prolija Julieta Nair Calvo como Grace. La puesta en escena que dirige Mariano Demaría copia al pie de la letra el manual de Broadway en el Teatro Broadway: todo brilla, las coreografías de Analía González son simétricas y el despliegue es irreprochable. No hay margen para el error, pero tampoco para la sorpresa o la incomodidad intelectual. Es un show diseñado para salir con el corazón tibio y la billetera flaca, ideal para padres nostálgicos que buscan anestesiar la realidad actual con una fantasía color de rosa sobre el capitalismo benefactor del siglo pasado.
Días y horarios para ver el fenómeno musical
Si deciden someterse a este baño de optimismo orquestado en la Avenida Corrientes 1155, las funciones se desarrollan en los siguientes días y horarios:
  • Jueves y Viernes: 20:00 hs
  • Sábados: Doble función a las 17:00 hs y 20:00 hs
  • Domingos: Doble función a las 17:00 hs y 20:00 hs 
Las entradas se consiguen a través de la plataforma Plateanet o directo en las boleterías de la sala comercial. 

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